Por Martín Carranza Torres
Director de Carranza Torres & Asociados
-Asesoramiento Legal en Tecnología-
Hay situaciones particulares que producen contrastes en la vida de uno, puntos de inflexión que oscilan entre una atónita tristeza y una preocupante reflexión. Y de estas situaciones particulares se desprenden interesantísimos y no menos alarmantes interrogantes. La presente es cómo muchísimas personas que no tienen cubiertas las condiciones mínimas y básicas de su vital existencia, logran acceder a tecnologías de punta que actual y vertiginosamente se crean.
Vemos cotidianamente niños que limpian los parabrisas de los autos en numerosas calles de ciudades de muchos países. Estos mismos tienen problemas de subsistencia básicos, sus accesos a los derechos más elementales les está prácticamente vedado, educarse es un lujo, curarse un milagro y comer regularmente apenas una ilusión. No obstante, acceden a tecnologías de punta, a mucha más capacidad de comunicación y de procesamiento de lo que podía acceder una nave espacial en la segunda mitad del siglo pasado. Y es por eso que impresiona mucho la idea de vivir en un país en el que las tecnologías de avanzadas sean más masivas que la comida, la salud, la educación, etc.
Es un escenario innegable de la realidad que los habitantes de los países en vías de desarrollo, que sufren problemas de subsistencia básica, que son prototipos constantes de violaciones de los más elementales derechos, consiguen acceder a las tecnologías de punta que se hacen ecos globales como avances tecnológicos masivos. La razón de ello gravita en que son los principios capitalistas occidentales los que han posibilitado dar lugar al presuroso avance de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y que la masividad asociada a esos principios da lugar a que los habitantes de esos países accedan a esas tecnologías a niveles jamás imaginados.
Contraste raro y hasta por momentos de difícil dilucidación. Sin embargo, posibles razones podemos dar de esto. Estos accesos de los que menos tienen a las masivas tecnologías de punta se debe a los incentivos que reciben y se crean los privados (individuos, empresas, instituciones, etc.) y que, por medio de su dinero propio y gastando lo mínimo posible, pretenden obtener el máximo beneficio.
La tecnología es masiva, mucho más masiva que los más elementales derechos de muchos habitantes de Latinoamérica, porque los empresarios privados que la desarrollan, al utilizar dinero propio y en su propio beneficio, tienen incentivos para obtener el máximo beneficio al menor costo posible. Los gobiernos, en cambio, al utilizar dinero ajeno en beneficio ajeno, carecen de ambos incentivos, por lo que obtienen, con mayor cantidad de recursos, resultados más modestos. Esta asimetría de incentivos pareciera ser la clave de algunas de las paradojas actuales.
Dicen Milton y Rose Friedman: “el Estado es una forma de cooperación voluntaria, una forma que eligen las personas porque creen que es la manera más eficaz de alcanzar sus objetivos… Pero el Estado es más que eso”. El Estado, con esta política metodológicamente inversa de su intervención en el mercado, ni es una forma de cooperación voluntaria y menos aún la manera eficaz de alcanzar los objetivos de sus habitantes. El Estado debería y sería más que eso cuando su intervención en el libre mercado sea minúscula y exigua.
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