LAS NUEVAS ESTAFAS DEL SIGLO XXI
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Las estafas del siglo XXI parece que están cambiando con la llegada de Internet y las nuevas tecnologías.
Sin ir más lejos, hace unos días recibía por correo postal una carta con una factura pendiente de pago. Al parecer se reclamaba el importe de una web inexistente por parte de una empresa desarrolladora. Por supuesto, nunca se hizo
el encargo, nadie encomendó la citada web. Y si hubiera llamado a esta empresa, por lo que leí en foros sobre la aludida, hubieran comentado que se trataba de un error; y ahí hubiera tenido que soportar a un agresivo comercial con ganas de
venderme sus servicios web.
En estos tiempos de crisis, o desaceleración, como se empeñan en llamarlo los políticos, el ingenio se agudiza. Después de haber registrado una marca comercial, algunos se aprovechan de esta circunstancia, y envían la solicitud de pagos indebidos. Son empresas de registro de patentes y marcas, que se encuentran en Bélgica y Austria, pidiendo cantidades
para el registro europeo de marcas, y que alcanzan los 1.600 euros. Se ocultan bajo nombres rimbombantes como “Instituto Europeo para la Economía y el Comercio”, y otros similares. Y, como digo, envían cartas o correos electrónicos.
Son los nuevos tiempos del phishing, algo más elaborados que aquellas malas traducciones al español del comienzo. Y es que últimamente también veo cómo llegan supuestos mensajes de Google Adwords, solicitando que se acceda a una dirección de Internet falsificada, con la finalidad de hacerse con tus datos. Pero es que, aunque parezca mentira, hay gente que cae en la tentación y cree cualquier cosa que le llega vía correo electrónico.
En este mundo de ilusos cibernéticos, los estafadores se las ingenian para hacerse pasar por los buenos. Hoy, leo en la prensa que ese organismo recaudador de derechos de autor, que son la empresa española con más volumen de facturación, ha conseguido su propósito. Ya han logrado que se aplique un nuevo impuesto, que irá a parar a sus arcas,
gravando dispositivos MP3 o teléfonos móviles capaces de reproducir este formato. Como si todo lo que se escuchara por los mismos tuviera siempre derechos de autor, los cuales se pagan por otros medios. Vamos, que se pasan por el forro de la gaita los temas con licencia Creative Commons o nuestra propia voz. Estos no tienen compensación por las pérdidas provocadas por la piratería, claro.
Y es como decía, Ramón Pérez de Ayala, “cuando la estafa es enorme ya toma un nombre decente”. De ahí que
estos últimos pueden pasear impunemente, cuando son de trabuco y pañuelo para ocultar el rostro.
Sólo queda agregar que nos tomamos un descanso, ya que la próxima semana, el equipo de este boletín estará
navegando por mares croatas. Así que no habrán más boletines hasta el próximo 4 de julio, momento en el que volveremos a la carga.
Hasta entonces, feliz
verano.
Por Carlos Mesa
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