Por Martín Carranza Torres
Director de Carranza Torres & Asociados
“En suma, la civilización se ha tornado tan frágil como potente debido a su dependencia respecto de la técnica basada sobre la ciencia. Por esto sería una locura planear el desarrollo –que incluye la modernización al menos en algunos aspectos– sin asignarles puestos sobresalientes a la ciencia y a la técnica. En otras palabras, todo plan razonable de desarrollo debe hacer lugar a un plan de creación o fortalecimiento del sistema científico-técnico”; palabras escritas por Mario Bunge, uno de los más eminentes filósofos argentinos, aunque, es preciso reconocerlo, poco leído y escuchado en los círculos intelectuales y académicos vernáculos.
Si, afortunada y, al mismo tiempo, lamentablemente, la fortaleza del hombre de hoy estriba en la tecnología que, como nos la define el Diccionario de la Real Academia Española, contiene lo técnico-científico. La tecnología es un “conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico”. Este conjunto técnico-científico ha posibilitado ingentes avances a la humanidad toda; basta con un abrir y cerrar de ojos para darnos cuenta de que estamos inmersos en tecnología.
Su creador fugaz, el hombre, debe guiar la tecnología hacia sus lados positivos, hacia los caminos prudentes, razonables, prácticos, en una palabra: hacia el bien. Este bien que permitirá aquel plan razonable de desarrollo del que nos habla Bunge. Un plan que contendrá la tecnología y con ella la ciencia y la técnica y que desembocará en el desarrollo. Como si todo fuera un círculo que gira sobre sí mismo, sobre su mismo eje de rotación.
En Argentina, la tecnología, y con ella la ciencia, la técnica y la innovación, se halla regulada por la Ley Nacional 25.467, que establece un Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Es de destacar los objetivos de la política científica y tecnológica nacional, enumerados en el artículo 2, entre los cuales se destacan la necesidad de impulsar la generación, difusión y aprovechamiento social de los conocimientos, la estimulación de la investigación básica, aplicada y la innovación tecnológica, y el fortalecimiento de la capacidad tecnológica y competitiva del sistema productivo, teniendo en cuenta la integración y cooperación regional.
La necesidad de diseñar e implementar una política integral para la innovación científica y técnica ha tenido su concreción institucional más visible en la transformación de la Secretaría de Ciencia y Tecnología a rango de Ministerio y en las acciones positivas que desde esta institución se están llevando a cabo; por caso, la reciente visita del Ministro de Ciencia y Tecnología a los Estados Unidos a fin de procurar estrechar los lazos que nos unen con los organismos e instituciones norteamericanas dedicadas a la actividad tecnológica.
Puede afirmarse que el grado de avance de una determinada civilización, aún aquéllas extinguidas, tiene como patrón de medida a la tecnología: el pueblo más avanzado es el que mayor tecnología ha logrado y logró incorporar y desarrollar y el más atrasado el que menos tecnología utilizó para mejorar su forma de vida.
La tecnología, la ciencia y la técnica, son formas del conocimiento humano y de su aplicación práctica, destinadas al cambio de las condiciones que la naturaleza le impone a la humanidad. Éstas parecen ser constantes de las civilizaciones humanas y tal vez sea una de las características principales de la ubicación del ser humano dentro de la escala zoológica.
Es por eso que todo plan razonable de desarrollo de cualquier sociedad debe dar prioridad para su aplicación efectiva a la tecnología como herramienta técnico-científico, que facilitará grandes avances en sectores donde más se la necesita, aumentando así el bienestar individual y social.
La tecnología, como capacidad de abrir posibilidades y crear oportunidades, es el lugar desde el cual se puede configurar el futuro en lo que depende de la acción humana. La constante búsqueda de desarrollo tecnológico no es otra cosa que la constante tendencia de seres inteligentes para satisfacer necesidades cada vez más sofisticadas y complejas. El fomento de la innovación tecnológica es, por ende, la llave del futuro para cualquier sociedad.

















