La delincuencia informática alcanza altos niveles de organización. Se compran vulnerabilidades de programas que descubren los "crackers" para aprovechar agujeros de seguridad y violar sistemas de organizaciones y personas. Incluso, se firman acuerdos con niveles de servicio y soporte técnico
El crimen basado en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) constituye una actividad con características industriales, con cadenas de producción y evaluación de códigos maliciosos que infectan los sistemas de las organizaciones y las personas, con fines delictivos.
Desde Kaspersky, uno de los principales fabricantes de antivirus del mundo, evalúan que la ciberdelincuencia es una “industria” que factura al año unos 100 mil millones de dólares, algo menos que los 394.874 millones de pesos que asciende el PBI argentino, según datos del INDEC del segundo trimestre de este año.
Hace varios años que el crimen informático dejó de ser una actividad propia de “hackers”, jóvenes que querían demostrar sus habilidades tecnológicas violando sistemas y computadoras de empresas, organizaciones gubernamentales e individuos, con el afán de buscar fama o prestigio. “La ciberdelincuencia está muy organizada, se han formado grupos internacionales, que trabajan coordinados en Brasil, Rusia u otras partes del mundo, y que buscan réditos financieros”, explicó Randy Drawas, jefe de la oficina de Marketing para las Américas de Karspersky.
Mientras en el sector de las TIC se habla de la prestación de software como servicio (Saas, sigla en inglés), en el cibercrimen ya se habla del “malware” (código malicioso, en inglés) como servicio, explicó el ejecutivo. “Se compran vulnerabilidades de programas” que descubren los delincuentes, para aprovechar esos agujeros de seguridad y violar sistemas. “Incluso, hay acuerdos con niveles de servicio y soporte técnico” que brindan estas organizaciones de “crackers” a sus clientes.





























